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Analfabetismo emocional

Poradmin

Dic 11, 2020

Revista Redj


En la escuela, el desarrollo de la inteligencia emocional como parte del proceso educativo integral de las personas, es muchas veces ignorado frente a la prioridad de la adquisición de aprendizajes, cuando en realidad se trata de una herramienta que contribuye al bienestar personal y social.

Los psicólogos sociales Mayer y Salovey (1997) establecen que la inteligencia emocional «relaciona la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emociones, también, la habilidad para acceder o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento, la habilidad para entender emoción y conocimiento emocional y la habilidad para regular emociones que promuevan el crecimiento emocional e intelectual«.

El objetivo de la educación emocional en edad temprana favorecer el desarrollo, manejo y adaptación de las emociones en lo personal y social. Esto es fundamental ya que la juventud se enfrenta a situaciones y comportamientos de riesgo que suponen un desequilibrio emocional, y en ocasiones específicas, trae consigo problemas de baja autoestima, depresión, estrés, violencia, entre otros.

Las situaciones de riesgo pueden ser desde conflictos familiares, amistosos o escolares, hasta factores de desorganización social como la delincuencia o el desempleo.

El rol del profesor es clave en el diseño de programas estratégicos de intervención en el aula, que se apoyen de un marco teórico para llevarlos a la práctica profesional, con el objetivo de combatir el analfabetismo emocional que tiene impactos negativos sobre las personas y sobre la sociedad.

En un contexto educativo infantil, algunas prácticas para estimular la inteligencia emocional de los niños y niñas son:

  • Hacerlos reír y sonreír
  • Sentirse queridos
  • Propiciar el juego
  • Procurar que corran
  • Dejar que se expresen de forma plástica
  • Cantar y expresarse corporalmente
  • Trabajar las emociones negativas
  • Cultivar la inteligencia intrapersonal e interpersonal
  • Dejar que los niños y niñas utilicen los juguetes y objetos que les gusten más.

Se recomienda a los profesores, generar confianza, fortalecer la comunicación, no etiquetar a los alumnos, tratarlos a todos por igual, saber escuchar, permitir que los alumnos expresen sus emociones: llanto, risas, gritos y abrazos.

La inteligencia emocional en la educación representa la oportunidad de favorecer un proceso integrador que no solo que abarque el área cognitiva de los alumnos, sino todo el desarrollo integral de su personalidad que contribuya al bienestar personal y social.

Fuentes:

http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:EducacionXXI-2BB75B2C-720F-A542-4DCE-43297DDB55B7/Documento.pdf
http://enp3.unam.mx/revista/articulos/2/educacion.pdf

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