• Mar. Oct 19th, 2021

Inteligencia Artificial

Poradmin

Ene 19, 2021

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha permitido desarrollar herramientas capaces de transformar el mundo en el que nos desenvolvemos, desde aplicaciones GPS que facilitan la movilidad en grandes ciudades, hasta máquinas complejas que salvan vidas. No obstante, a medida que la inteligencia artificial abarca cada vez más aspectos de nuestra cotidianidad, se hace visible que su mal uso puede ocasionar daños importantes.

Existe un imaginario colectivo de inteligencia artificial que la define como máquinas capaces de pensar y actuar como un ser humano, pero la realidad es mucho más prosaica. La inteligencia artificial describe por lo general softwares que pueden aprender, resolver problemas y encontrar patrones. Los algoritmos de las redes sociales o los dispositivos que responden a nuestra voz son ejemplos de IA.

Es erróneo pensar que el proceso de autoaprendizaje de la inteligencia artificial garantiza los resultados más eficientes, confiables y superiores que cualquier cosa que los humanos puedan obtener, pues al fin y al cabo, son los seres humanos quienes están detrás de los éxitos y fracasos de la IA.

Este pensamiento ha llevado a cometer errores que denotan la falta de regulación y seguimiento a las herramientas que hacen uso de IA; su mal uso podría acabar reproduciendo patrones sociales negativos como el racismo o la desigualdad alrededor del mundo. Por ejemplo, en enero de 2020 un hombre afroamericano fue injustamente arrestado en el estado de Michigan, Estados Unidos luego que una inteligencia artificial de reconocimiento facial lo confundiera por el delincuente equivocado, esto debido a que la IA había sido entrenada en su mayoría por caras blancas.

De igual forma, el hecho que más de las tres cuartas partes de todas las nuevas innovaciones digitales y patentes son producidas por solo 200 empresas, así como que de las 15 plataformas digitales más grandes que utilizamos, 11 sean estadounidenses y el resto chinas, refleja una importante desigualdad digital.

Asimismo, otro ejemplo del mal uso de la IA son algunos algoritmos de empresas de redes sociales que privilegian contenido provocados para que el usuario pase más tiempo dentro de la aplicación consumiendo y compartiendo, lo que mantiene felices a los anunciantes asociados a la empresa. El problema está en que esta dinámica ha promovido mensajes de odio, mentiras, polarización de usuarios y difusión de fake news, así como la recolección de datos sin consentimiento explícito de los usuarios con el fin de entrenar la IA.

Es por eso que es imperativo un acuerdo de regulación internacional de inteligencia artificial que recoja expertos en la materia de la sociedad civil, el sector privado y público para garantizar que la tecnología tenga una sólida base ética.

Fuente: https://news.un.org/es/story/2021/01/1485802

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